martes, 21 de junio de 2016

Breve historia del libro

Los libros son, a la vez, en cuanto objetos, vehículos de transmisión cultural y soportes para la expresión artística.
La historia del libro suma aproximadamente 5000 años. Hacia el tercer milenio antes de Cristo, en culturas como la egipcia, la china y la sumeria se utilizaban el papiro, la seda y las tablillas de barro, respectivamente, para registrar diversas informaciones. En otros lugares se emplearon tablillas de madera o marfil recubiertas de cera, tela y cuero, pero quizá antes que ninguno de esos materiales se usó la corteza de árbol.
  
Los egipcios aprovecharon el tallo de una planta en tiras, una vez secas, se podía escribir. Al producto terminado también se le llama papiro; el libro egipcio siempre tuvo la forma de rollo.
Los griegos llamaron a la hoja de papiro charles, en tanto a la hoja escrita se le llamó griego biblion y el rollo papiro, kylindros.
Aristóteles consideraba que un libro no era capaz de exponer totalmente un tema, y más bien constituía una especia de quía para acompañar una enseñanza oral. Pitágoras también desconfiaba de la lectura escrita y, de hecho, no dejó una sola línea. El texto para él, impedía el desarrollo y vida de las ideas porque ataba el pensamiento.

De los años 86 a 82 antes de Cristo decía que los lugares son muy parecidos a tablillas de cera o papel, las imágenes son como letras, la colocación o disposición de las imágenes como el guion y la dicción es como la lectura; el libro constituyó a lo largo de muchos siglos, el principal instrumento de preservar los conocimientos en la memoria individual o colectiva.
En el año 105 después de Cristo en China Tsai Lun inventó el papel a partir de diversos materiales como cortezas vegetales.

Los medios masivos de comunicación ocupan cada vez más espacio y van ganando terreno al libro; se escuchan predicciones pesimistas que aseguran que el libro, en un futuro cercano, habrá concluido su función, derrotado por los periódicos, el cine, el radio y la televisión.

La lectura

Podemos definir la lectura como una relación que se establece entre un lector y un texto.
El lector tiene que realizar un proceso de decodificación del texto para, entonces producir sentido y significación; desde el principio, formula una hipótesis de significación que se ajusta y transforma a medida que la lectura avanza. El lector hace conexiones implícitas, cubre huecos, infiere y pone a prueba sus instituciones. Durante la lectura el lector aporta un tenue contexto de creencias y expectativas a partir del cual evalúa las características de la obra. Las especulaciones iniciales generan un marco de referencias dentro del cual se interpreta lo que viene a continuación. Al seguir leyendo se abandonan suposiciones, se examina lo que se había creído, se infiere y se supone en forma cada vez más compleja.
Toda comprensión es productiva, ya que equivale siempre a “comprender de otra manera”: es una realización del potencial del texto en el que se introduce nuevos matices.
No todo texto se lee de la misma manera y que los propósitos de la lectura son variados, es necesario tener presente una serie de factores que orientan la manera en que un individuo lee y comprende un texto dado: La formación escolar, la cantidad y tipos de lecturas previas, el papel que desempeña le lectura  un contexto político determinado, la disposición psicológica que se mantiene de manera permanente o esporádica, éstos factores se conjugan para producir una percepción gradual del texto. Los ejes de lectura son el reconocimiento y la innovación. El lector percibe fácil y rápidamente aquello que reconoce, que se encuentra en su horizonte de expectativas. En una lectura espontanea el lector puede llegar a entender lo que dice un texto, aunque ignore las alusiones culturales de que está lleno, cree percibir los contenidos de manera inmediata aunque no puede ser absoluta.
 
Lo poco del contenido que se percibe depende de una letra que se ve y que no es la totalidad de lo que se puede ver. Solo se ve lo que está al alcance de la mirada, y dentro de ese campo se produce una segunda manera de ver, por reconocimiento y exclusión.
Noé Jitrik establece tres tipos de lectura que deberían ser parte de un proceso completo:
A)     La lectura espontánea, a la que denomina literal, considera la lectura como vehículo para la transmisión de un sentido inmediato y estima que todo lo que la lectura puede dar se encuentra en la superficie, no establece conexiones entre los diferentes planos en que transcurren el texto y la lectura.
B)      La lectura indicial, se registran señales diversas, tales como observaciones al margen subrayados, acotaciones, comentarios, exclamaciones, negaciones, etc, que toman la consistencia de indicios que aspiran a una organización superior; se percibe la existencia de niveles más profundos de significación que van más allá de lo literal y lo inmediato.
C)      La lectura crítica, no ignora las etapas precedentes y pretende asumir una pluralidad de niveles tanto en la comprensión del objeto legible como en la conciencia sobre su propia actividad; es la única que se integra a un flujo total de significaciones, logrando una comprensión múltiple de lo que se lee, y teniendo lazos con otras instancias de significación.

Marcel Proust consideraba la lectura como un estímulo exterior, una intervención foránea que permite a determinados espíritus ser capaces de descubrir en su interior auténticos tesoros: pensar por sí mismos y desarrollar su capacidad de creación.





La biblioteca

La biblioteca ha sido el lugar donde se conservan, ordenan, clasifican y consultan los materiales bibliográficos. 
La biblioteca más célebre y grandiosa de la antigüedad fue la de Alejandría, en Egipto.
Dedicado a la enseñanza y a la investigación, a lo largo del siglo lll antes de Cristo se transformó en una gran biblioteca que albergó literatura griega y traducciones de textos egipcios, babilonios y otros de antigüedad.
Esta biblioteca fue destruida por el fuego alrededor del año 391 después de Cristo, cuando los cristianos, bajo la guía del arzobispo Teófilo de Antioquía, destruyeron el templo de Serapis.
La primera biblioteca pública en Roma se estableció en el año 39 a.C. en el templo de Libertad, posteriormente se construyeron dos más: la Platania y la Octaviana, éstas también fueron destruidas por el fuego.
Con la caída del imperio romano comenzó una época crítica para las bibliotecas en el año 303, y  en Italia muchas de ellas fueron destruidas total o parcialmente.
El Renacentismo produjo la multiplicación de las bibliotecas en todas las ciudades. Se distinguió no sólo en el aspecto exterior de los libros sino por la riqueza y novedad  de los autores de su colección, ahí se encontró una nueva educación y una nueva cultura.
La biblioteca además de poner a disposición de los usuarios una vasta colección de material impreso e informaciones diversas, constituye el marco físico por excelencia por la realización de la lectura.
Las condiciones materiales, físicas, en que se realiza la lectura determinan la relación que se establece entre lector y texto. El lector mantiene una relación con el conjunto físico  donde lee, y establece; simultáneamente, una relación entre dicho conjunto y el texto escogido.

Resulta considerable poner atención en que la biblioteca constituya, hasta donde sea posible, una espacio acogedor, agradable, donde existan las condiciones apropiadas para lograr la concentración. 

El libro como objeto

Es importante que, en primera instancia, los estudiantes percibían y valoren el libro en su materialidad, aprendiendo a observar sus características físicas (tamaño, peso, calidad del papel, disposición del texto en la página), además de los elementos paralingüísticos (los gráficos y las fotografías, entre otros).
Los paratextos son los elementos que contribuyen a hacer de un texto un libro; garantizan una mejor recepción y una lectura más accesible y pertinente Como paratextos podemos considerar todos los elementos que forman parte del cuerpo de la obra: el título, el subtitulo, el nombre del autor o de los autores, los índices, el prólogo, la introducción, las conclusiones, la editorial, el lugar y fecha de publicación, etcétera.

Los paratextos están relacionados con las llamadas partes del libro, las cuales pueden reducirse a: caratula o cubierta, lomo, portada y contraportada, todas ellas en función del lugar donde se ubican los elementos necesarios para la elaboración de fichas bibliográficas y la clasificación del libro en la biblioteca.

Introduccion

Existe una relación esencial entre pensamiento y lenguaje, por lo que el desarrollo de las habilidades lingüísticas (escuchar, leer, hablar y escribir) proporciona herramientas invaluables a todo el que quiera incursionar en el terreno del conocimiento.
El analfabetismo funcional; mucha gente, si bien aprendió a leer y escribir, no tiene la capacidad para comprender un texto o expresarse mediante la escritura. La lectura requiere, necesariamente, la actividad del sujeto.
La lectura contribuye a desarrollar la competencia comunicativa del lector, todos los aspectos de la cultura tienen que ver con la comunicación; es evidente que la lengua escrita es un instrumento privilegiado para la transmisión de conocimientos y valores culturales.
Todos los aspectos de la cultura tienen que ver con la comunicación. La lectura requiere necesariamente la actividad del sujeto y contribuye a desarrollar la competencia comunicativa del lector.
  

La lengua escrita es un instrumento privilegiado para la transmisión de conocimientos y valores culturales; el libro posee varias ventajas: es manejable, permite un contacto físico directo entre el lector y el texto, puede ser trasladado a cualquier lugar sin requerimientos de especio ni instalaciones costosas.

Noé Jitrik define la lectura como una actividad que se erige como una construcción entre individuo y texto y que está determinada por diversos factores culturales que orientan y definen las expectativas de la lectura y los resultados del proceso.