Los libros son, a la vez, en cuanto objetos, vehículos de
transmisión cultural y soportes para la expresión artística.
La historia del libro suma aproximadamente 5000 años. Hacia
el tercer milenio antes de Cristo, en culturas como la egipcia, la china y la
sumeria se utilizaban el papiro, la seda y las tablillas de barro,
respectivamente, para registrar diversas informaciones. En otros lugares se
emplearon tablillas de madera o marfil recubiertas de cera, tela y cuero, pero
quizá antes que ninguno de esos materiales se usó la corteza de árbol.

Los egipcios aprovecharon el tallo de una planta en tiras,
una vez secas, se podía escribir. Al producto terminado también se le llama
papiro; el libro egipcio siempre tuvo la forma de rollo.
Los griegos llamaron a la hoja de papiro charles, en tanto a
la hoja escrita se le llamó griego biblion y el rollo papiro, kylindros.
Aristóteles consideraba que un libro no era capaz de exponer
totalmente un tema, y más bien constituía una especia de quía para acompañar
una enseñanza oral. Pitágoras también desconfiaba de la lectura escrita y, de
hecho, no dejó una sola línea. El texto para él, impedía el desarrollo y vida
de las ideas porque ataba el pensamiento.
De los años 86 a 82 antes de Cristo decía que los lugares
son muy parecidos a tablillas de cera o papel, las imágenes son como letras, la
colocación o disposición de las imágenes como el guion y la dicción es como la
lectura; el libro constituyó a lo largo de muchos siglos, el principal
instrumento de preservar los conocimientos en la memoria individual o
colectiva.
En el año 105 después de Cristo en China Tsai Lun inventó el
papel a partir de diversos materiales como cortezas vegetales.
Los medios masivos de comunicación ocupan cada vez más
espacio y van ganando terreno al libro; se escuchan predicciones pesimistas que
aseguran que el libro, en un futuro cercano, habrá concluido su función,
derrotado por los periódicos, el cine, el radio y la televisión.


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