La biblioteca ha sido el lugar donde se conservan, ordenan,
clasifican y consultan los materiales bibliográficos.
La biblioteca más célebre y grandiosa de la antigüedad fue
la de Alejandría, en Egipto.
Dedicado a la enseñanza y a la investigación, a lo largo del
siglo lll antes de Cristo se transformó en una gran biblioteca que albergó
literatura griega y traducciones de textos egipcios, babilonios y otros de
antigüedad.

Esta biblioteca fue destruida por el fuego alrededor del año
391 después de Cristo, cuando los cristianos, bajo la guía del arzobispo
Teófilo de Antioquía, destruyeron el templo de Serapis.
La primera biblioteca pública en Roma se estableció en el
año 39 a.C. en el templo de Libertad, posteriormente se construyeron dos más:
la Platania y la Octaviana, éstas también fueron destruidas por el fuego.
Con la caída del imperio romano comenzó una época crítica
para las bibliotecas en el año 303, y en
Italia muchas de ellas fueron destruidas total o parcialmente.
El Renacentismo produjo la multiplicación de las bibliotecas
en todas las ciudades. Se distinguió no sólo en el aspecto exterior de los
libros sino por la riqueza y novedad de
los autores de su colección, ahí se encontró una nueva educación y una nueva
cultura.

La biblioteca además de poner a disposición de los usuarios
una vasta colección de material impreso e informaciones diversas, constituye el
marco físico por excelencia por la realización de la lectura.
Las condiciones materiales, físicas, en que se realiza la
lectura determinan la relación que se establece entre lector y texto. El lector
mantiene una relación con el conjunto físico
donde lee, y establece; simultáneamente, una relación entre dicho
conjunto y el texto escogido.
Resulta considerable poner atención en que la biblioteca
constituya, hasta donde sea posible, una espacio acogedor, agradable, donde
existan las condiciones apropiadas para lograr la concentración.

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